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miércoles, 30 de noviembre de 2016

EL AMOR NUNCA MUERE.


Yo sé que me quisiste,
que en las calles de enero volvió la primavera,
que paraste de golpe tu barco ante mi puerto
y hasta que dominaste tu tristeza por mí.

La aurora de tu sangre, volvía en tu sonrisa,
-acribillado gesto, pasto siempre de engaño-
con la luna real que tocaron tus manos
en la vieja ternura de la lluvia de abril.

Del universo oímos notas inexplicables,
música que en la noche era un allegro siempre,
-partitura de magia bajo sábanas tristes-
y una alegría alerta e incrédula en los dos.

Cómo herimos los días que se volvieron pájaros,
planicie inhabitable, desiertos infinitos,
a través de un arroyo de envenenadas lenguas
y desnudos los dos rompimos nuestros nombres.

Que nadie me pregunte, jamás muere el amor.


©María García Romero.